El Sol, ese astro que nos ilumina y embellece, nos hace crecer y sanar, tanto a las personas como a las plantas, a los animales y a toda la naturaleza. Pero también nos preocupa y nos hace protegernos de él, muchas veces en exceso.

 

Qué es el Sol y cómo nos afecta su energía

Es una bola brillante y caliente de hidrógeno y helio en el centro de nuestro sistema solar. Aunque no es la estrella más grande, para nosotros, los habitantes de la Tierra sí lo es. Tiene un diámetro 109 veces más ancho que nuestro planeta. Su temperatura es de 5.538ºC en la superficie y casi 15 millones de grados centígrados en el núcleo: una bola de gases en llamas, muy lejos de nosotros, a 149,6 millones de kilómetros. La capa de ozono que rodea la Tierra nos protege de la intensidad de su energía.

 

El sol calienta nuestro planeta para que los seres vivos  subsistamos. Nos proporciona luz y emite grandes cantidades de energía:

 

  • Radiación infrarroja, que calienta.
  • Luz visible, la que nuestros ojos pueden ver.
  • Luz ultravioleta, que nuestros ojos no ven, pero que puede quemar nuestra piel, incluso en días nublados, ya que atraviesa las nubes. Ésta es de la que nos tenemos que proteger.

 

Nuestras células pueden dañarse si están expuestas a demasiada luz ultravioleta, la piel se enrojece y sufre quemaduras. Es una buena medida de prevención revisar nuestras manchas con el dermatólogo periódicamente.

 

La quemadura solar ocurre cuando el grado de exposición al sol o a una fuente de luz ultravioleta excede la capacidad de la melanina para proteger la piel. La melanina es la coloración que protege la piel, por lo que una persona con piel muy clara puede quemarse en menos de 15 minutos, mientras que una persona de piel oscura podría tolerar la misma exposición por horas.

 

El Sol y la vitamina D

La luz solar junto con el colesterol producen la vitamina D. España es uno de los países con mayor déficit en esta vitamina, ¡con la cantidad de sol que tenemos!  La vitamina D es difícil de conseguir en dosis adecuadas con alimentos (pescado azul, hígado de pescado, huevo, en dosis ínfimas), por lo que habría que recurrir a suplementos nutricionales de vitamina D3 que es la que mejor se absorbe, ya sea en gotas, comprimidos o perlas. Lo ideal para corregir una deficiencia es un suplemento de vitamina D3 y diez minutos de sol al día sin protección, el suplemento sin el sol no es lo mismo. Para mantener buenos niveles, 10 minutos al día al sol sin protección son suficientes. 

 

Preparando nuestra piel para el Sol

Como siempre en salud integral, la nutrición será vía interna y externa, ya que todo lo que nos ponemos en la piel llega al torrente sanguíneo. Por eso es tan importante elegir bien los cosméticos, ¡cada producto que nos pongamos sobre la piel deberíamos poder comerlo!

 

Protección interna:

  • Alimentación rica en antioxidantes, que coincide con las frutas y hortalizas que la naturaleza nos ofrece por temporada. La naturaleza siempre colabora.
  • Aliñar las ensaladas con aceites en crudo, a ser posible de cultivo ecológico, grandes portadores de vitamina E: girasol, oliva, canola o colza, cáñamo, babasú, pepitas de uva, etc.
  • Semillas y frutos secos. La reina es la semilla de girasol, pero también las almendras, las avellanas y las nueces.
  • Aguacate, muy importante por su versatilidad y densidad nutricional y la fruta fresca con mayor contenido en vitamina E.
  • Todo regado con agua para estar bien hidratado.

 

Suplementos nutricionales, a elegir con asesoramiento de un profesional de la salud:

  • Aceite de Krill (omega3), que contiene Astaxantina, un potente antioxidante que además de ser excelente para la vista es un gran antiaging y considerado bloqueador solar interno.
  • Astaxantina, en mayor dosis, es decir sola. Con sus miles de propiedades ante muchas patologías (hígado graso, diabetes, vista, enfermedades neurológicas).
  • Espino Amarillo, que contiene omega-7-3-6-9, para piel y mucosas.
  • Vitamina C, antioxidante por excelencia.
  • OJO con el antibiótico doxiciclina, y la hierba de S. Juan o Hipérico, entre otros, que producen fotosensibilidad: reacciones anormales a la luz.

 

Protección externa:

Una buena gorra/sombrero, parasol, manga larga, ya lo hacen los Tuaregs en el desierto.

  • Tomar el sol con aceite de coco o con manteca de Karité, aceite de zanahorias o de pepita de uva,  mezclando una cápsula de germen de trigo, rico en vitamina E, es una forma muy natural y aconsejable para todos.
  • Un buen protector solar, línea ecológica que no tienen nano-partículas ni parabenos, eligiendo la protección en base al tiempo de la exposición. El SPF (Factor de Protección Solar) quiere decir que si tu piel aguanta 10 minutos al sol sin enrojecer, y te pones un SPF 15, la protección será de 150 minutos. Con SPF 30 serían 300 minutos, aunque hay que tener en cuenta que el agua y el sudor reducen la protección, por lo que habría que repetir la operación cuantas veces fueran necesarias.

 

El Sol es mucho más bueno que “malo”, somos nosotros los que tenemos que estar a la altura de la situación y ser conscientes de que un buen bronceado se ha de hacer con cuidado y buenos hábitos.

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Dietista Integrativa